‘Understanding the Neurovascular Network to Prevent Dementia’: La importancia de comprender la red neurovascular para prevenir la demencia

‘Understanding the Neurovascular Network to Prevent Dementia’: La importancia de comprender la red neurovascular para prevenir la demencia

La demencia se ha convertido en uno de los mayores retos de salud pública del siglo XXI. Con una población cada vez más envejecida y sin tratamientos curativos eficaces, la prevención emerge como la estrategia más prometedora. En este contexto, durante el simposio internacional ‘Understanding the Neurovascular Network to Prevent Dementia’, organizado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y la Fundación Ramón Areces se puso el foco en un elemento hasta hace poco infraestimado: la red neurovascular, un complejo sistema que integra vasos sanguíneos, neuronas y mecanismos de protección y limpieza cerebral, y que resulta clave para preservar la función cognitiva.

El encuentro fue coordinado por Valentín Fuster, director general del CNIC; Costantino Iadecola, director del Feil Family Brain and Mind Research Institute de Weill Cornell Medicine (Nueva York); Marta Cortés-Canteli, del Centro de Neurociencia Cajal (CSIC), y María Ángeles Moro, coordinadora del Programa de Factores de Riesgo Cardiovascular y Salud Cerebral del CNIC.

Cada vez existe mayor evidencia de que el deterioro cognitivo y la demencia están estrechamente relacionados con la salud cardiovascular. Así lo subrayó Valentín Fuster durante el simposio: “Las enfermedades cardiovasculares se reconocen como la causa subyacente de una amplia gama de síndromes cognitivos, definidos como deterioro cognitivo vascular y demencia”.

La red neurovascular es clave en la prevención de la demencia y está estrechamente ligada a la salud cardiovascular.

Además, numerosos estudios apuntan a que los factores de riesgo cardiovasculares y metabólicos, como la hipertensión, la diabetes, la obesidad o la aterosclerosis, actúan como coadyuvantes en otras formas de demencia, especialmente en la enfermedad de Alzheimer. “Estos factores pueden interactuar durante años en fases preclínicas, mucho antes de que aparezcan los síntomas”, explicó Fuster, lo que refuerza la urgencia de comprender mejor estos mecanismos para desarrollar estrategias preventivas eficaces.

Una red esencial para la función cognitiva

El cerebro humano alberga cerca de 700 kilómetros de vasos sanguíneos, responsables de suministrar oxígeno y nutrientes a un órgano que, pese a representar solo el 2 % del peso corporal, consume alrededor del 20 % del oxígeno del organismo. “Esto pone de manifiesto la importancia crítica de la vasculatura cerebral”, señaló María Ángeles Moro.

Simposio sobre red neurovascular y demencia

Según explicó, neuronas, astrocitos, microglía, células endoteliales, pericitos y células del músculo liso forman una red integrada de señalización que coordina de manera precisa la actividad vascular con la excitabilidad neuronal, la plasticidad sináptica, la respuesta inmunitaria y los mecanismos de limpieza cerebral. “Esta compleja interacción debe entenderse tanto en condiciones de salud como de enfermedad, ya que es esencial para la función cerebral y la cognición”, añadió.

Vasos cerebrales

Durante el simposio se presentaron avances clave sobre la enfermedad de pequeño vaso cerebral, las alteraciones capilares y su contribución al envejecimiento cerebral y la demencia. Para Marta Cortés-Canteli, los vasos cerebrales “no son meros espectadores”, sino “socios activos en la señalización neuronal, el metabolismo, la inmunidad y la eliminación de desechos”.

La investigadora destacó además la creciente evidencia de la interdependencia entre inmunidad y hemostasia. “Cuando este delicado equilibrio se rompe, la microcirculación se ve comprometida, disminuye el flujo sanguíneo cerebral y se activan procesos que pueden culminar en el desarrollo de demencia”, afirmó Moro.

Por su parte, Costantino Iadecola recordó que hasta hace relativamente poco el componente vascular apenas se tenía en cuenta en enfermedades como el alzhéimer. “Si una persona había sufrido un ictus, automáticamente se descartaba el diagnóstico de alzhéimer. Eso creó una percepción errónea”, explicó.

Hoy se sabe que la demencia mixta, resultado de la combinación de patología vascular y neurodegenerativa, es la forma más frecuente de deterioro cognitivo en la población.

El correcto funcionamiento de los vasos cerebrales es esencial para mantener la función cognitiva.

Cortés-Canteli subrayó que la salud cardiovascular es un pilar fundamental en la patogénesis del alzhéimer, redefiniendo esta enfermedad como un problema sistémico y no exclusivamente neurológico. “La prevalencia de alzhéimer se triplica en individuos con aterosclerosis, y el aumento de placa de ateroma se asocia con una disminución del metabolismo cerebral y un incremento de marcadores de muerte neuronal en sangre”, afirmó.

El simposio reunió a expertos internacionales de primer nivel que abordaron el problema desde una perspectiva multidisciplinar. Entre ellos, Andy Shih (Seattle Children’s Research Institute – University of Washington) presentó innovaciones en imagen óptica para estudiar la función neurovascular y la barrera hematoencefálica; Susanne van Veluw (Universidad de Edimburgo) analizó la relación entre la enfermedad de pequeño vaso y la demencia, y Joanna Wardlaw, referente mundial en neuroimagen, compartió sus trabajos sobre envejecimiento cerebral, ictus y demencia vascular.

Controlar factores de riesgo como hipertensión u obesidad puede ayudar a prevenir la demencia.

Hacia una prevención real de la demencia

El mensaje que dejó el encuentro es claro: comprender la red neurovascular es esencial para prevenir la demencia. Integrar la biología vascular con la neurociencia permitirá identificar biomarcadores tempranos, intervenir sobre factores de riesgo modificables y retrasar, o incluso evitar, la aparición del deterioro cognitivo.

En palabras del Dr. Fuster, “si queremos frenar la epidemia de demencia, debemos empezar mucho antes de que aparezcan los síntomas, cuidando el corazón para proteger el cerebro”.